Hace algún tiempo tomó notoriedad en Argentina el caso de Dolors Miquel, la poetisa catalana que en la entrega de los premios Ciutat de Barcelona recitó un mordaz poema parodiando al Padrenuestro. El revuelo que se suscitó fue tan grande que no sólo se retiraron inmediatamente del evento algunos participantes, sino que tanto Miquel como la alcaldesa de Barceolan, Ada Colau, fueron penalmente denunciadas por algunos colectivos católicos. No mucho tiempo después, la noticia fue que el juez había desestimado –a ojos de algunos, con excesiva rapidez– las denuncias.
¿Cómo puede ser que se permita ofender impunemente las creencias religiosas de los demás?